Es la muerte que carcome la carne
y lo condena a extrañar la luz del día.
Es la tierra que come madera
-último disfraz del cuerpo-
y expone obsceno el hueso desnudo de sus penas.
Es el llanto de mis hermanos que brinca tras neptuno,
Metamorfosis de dolor ajeno,
Madurez debida.
Es que pudiendo no se ha quedado
Es mi hondura de sangre negra.
Es que pedirle volver no puedo
-tres golpes en el pecho, tres hijos más de sorpresa-
Y se va llevándolo todo:
Mi casa, mi madre, mi tierra.
Es que parte como quien parte
con mil flores la calavera.
Si de mis manos fuera,
si de mis manos,
mi casa, mi madre, mi tierra,
mis dos hermanos que lloran
secreto en cama extranjera.
Si de mis manos fuera,
si de mis manos.
Mi casa, mi madre, mi tierra.
Le entrego la luna,
el toro de Lorca,
la estrella.
La sangre que eterna se pierde
en los últimos día de la era.
Es la muerte,
es la condena.
Es el dolor de verlo partir.
De ver como su recuerdo se pierde con la niebla.